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Monte Albán y sus efectos ante los sismos INAH Instituto Nacional de Antropología e Historia 7 de febrero de 2010/México, DF
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- Los monumentos arqueológicos de Monte Albán ante
los desastres naturales: el sismo de 1999, obra que
da cuenta del trabajo de recuperación de las
edificaciones afectadas
- El sitio declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO
sufrió hace diez años un seísmo de 7.4 grados; hoy
las edificaciones son monitoreadas con equipo
especializado
Además de la posible pérdida de vidas humanas, los
terremotos y otros siniestros pueden desencadenar múltiples
daños en el patrimonio edificado de un país, símbolos de
identidad para sus habitantes. Un caso exitoso sobre este
tipo de recuperación es el que narra el libro Los monumentos
arqueológicos de Monte Albán ante los desastres naturales:
el sismo de 1999.
Editado por el Instituto Nacional de Antropología e
Historia (INAH-Conaculta), la publicación explica a detalle la
manera en que se abordó la problemática estructural de
estas construcciones de la cultura zapoteca (algunas con
más de 1,000 años de antigüedad), tras el sismo de 7.4
grados en la escala de Richter, que sacudió al estado de
Oaxaca el 30 de septiembre de 1999.
El libro es resultado de la experiencia de trabajo que se
realizó durante el proyecto financiado por el Fondo de
Desastres Naturales (Fonden). El grupo interdisciplinario que
se conformó a propósito, estableció estrategias claras
mediante el uso de una diversidad de criterios con el único fin
de realizar un tratamiento adecuado a los monumentos
afectados. Tras la experiencia, hoy estas antiguas
edificaciones son monitoreadas constantemente con equipo
especializado donado por el gobierno japonés.
En general, recordó la doctora Nelly Robles García, directora
de la Zona Arqueológica de Monte Albán, “más de 20
construcciones prehispánicas del sitio presentaron
deterioros graves. Las cuadrillas de trabajadores se
conformaron con alrededor de 200 personas, y el equipo
técnico —entre arqueólogos, arquitectos, ingenieros,
dibujantes y fotógrafos— sumó a 50 profesionales.
“Se trató de un esfuerzo muy grande, sin precedentes, que
hizo posible recuperar las edificaciones en un periodo de un
año”, anotó. Esta experiencia es la que se vierte en Los
monumentos arqueológicos de Monte Albán ante los
desastres naturales: el sismo de 1999, publicación
coordinada por la arqueóloga Robles.
Entre los aportes del libro que forma parte de la Colección
Científica del INAH, está el relativo a las medidas prevención;
en ese sentido, Nelly Robles comentó que existe la idea
equivocada de que las edificaciones prehispánicas, dado su
volumen monumental, resultan incólumes después de
presentarse un temblor u otra catástrofe natural.
“La experiencia con las estructuras afectadas de Monte Albán,
así como otras de los sitios de Mitla y Lambityeco que
también resultaron dañadas, es que por desgracia son muy
vulnerables. Los estragos en estas construcciones eran
consecuencia no sólo del movimiento telúrico de 1999, sino
de anteriores, se trataba en realidad de una cadena de
deterioros.
“Algunas estructuras se vieron colapsadas, hubo muros
completos caídos, otros monumentos más —debido a que
literalmente se abrió la tierra— quedaron seccionados en
dos o tres partes. Esos fueron los casos más dramáticos.
“En otros edificios se observaron grietas muy variadas y unas
cuantas columnas se desprendieron de sus bases;
asimismo ciertas estructuras no se vinieron abajo, pero
presentaron desplazamientos. Es decir, se realizaron tanto
labores para restituir la estabilidad estructural de los
monumentos, como trabajos muy finos de conservación y de
restauración”, explicó la experta del INAH.
Es así como esta edición pretende explicar la metodología
que se aplicó en los diferentes frentes de trabajo —mismos
que se atendieron de acuerdo con las necesidades
particulares de los inmuebles siniestrados— y a su vez la
posibilidad de ser empleada en otras zonas arqueológicas
que se vean abatidas por algún desastre.
Dentro de su Plan de Manejo, la Zona Arqueológica de
Monte Albán lleva a cabo un monitoreo constante de los
monumentos, de tal suerte que todos ellos cuentan
actualmente con una “historia clínica”. Nelly Robles, también
presidenta del Consejo de Arqueología del INAH, explica que
este puede dividirse en tres tipos.
“Contamos con un acelerógrafo o sismógrafo, que fue
donado por el gobierno japonés. La veintena de edificios que
fueron afectados por el terremoto de 1999, son los que están
monitoreados constantemente y personal del Instituto de
Geofísica de la UNAM colabora en la interpretación de los
datos”.
Por otra parte, las variaciones de temperatura y
humedad se miden a través de un termohidrógrafo, con el
objetivo de dar seguimiento al estado de preservación de la
pintura mural de Monte Albán.
La supervisión directa es otro de los frentes de trabajo.
Expertos de la zona arqueológica acuden, cada dos o tres
meses, a revisar las fisuras de algunas estructuras y colocan
sobre ellas testigos de yeso, si éstos se rompen es indicativo
de que el edificio presenta movimiento. En su caso, se traza
un plan más amplio para estabilizar la construcción.
De esta manera, es como a casi diez años de la
atención oportuna del INAH, se ha logrado la consolidación
de varias de las estructuras de Monte Albán que fueron
dañadas por el seísmo de 1999, de tal suerte que ya no
representan un riesgo para sus visitantes.
Este sitio arqueológico de Oaxaca fue inscrito por la UNESCO
en la Lista de Patrimonio Mundial el 11 de diciembre de 1987.
Fue la antigua capital de los zapotecos, que se desarrolló
entre los años 500 a.C. – 800 d.C. Se erigió sobre un
conjunto de cerros de los valles de Oaxaca y llegó a tener
hasta 35 mil habitantes.

Monte Albán