CiudadTijuana
Derechos Reservados
Indios Californios enterraban a sus muertos dos veces
INAH
Instituto Nacional de Antropología e Historia
7 de febrero de 2010/México, DF
Zona Deportiva
Inicio
CiudadTijuana
Ayuda
  • Estudios aplicados a restos humanos hallados en
    157 entierros en Baja California Sur revelan esta
    práctica; datan del 300 a.C. hasta el contacto español
  • Especialista del INAH analizan las razones de este
    sistema de inhumación, que comprueba que los
    grupos de cazadores recolectores sí tuvieron una
    cultura, y con características únicas

Un sistema funerario sui generis, consistente en la doble
inhumación, fue practicado por los grupos seminómadas de
Baja California Sur hace más de 2,300 años, según lo
revelan estudios de antropología física realizados a restos
óseos encontrados en más de un centenar de entierros
descubiertos en diversos puntos de la península.

Contrario al concepto de tribus salvajes que prevaleció por
mucho tiempo, esta investigación ha permitido determinar
nuevas interpretaciones sobre la cosmogonía que tuvieron
los grupos indios californios, y que comprueba que tuvieron
una cultura con características únicas.

El  antropólogo físico Alfonso Rosales-López, del Instituto
Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta),
informó que las pruebas físicas y biológicas indican que los
esqueletos fueron enterrados dos veces. “Primero, el cadáver
era colocado dentro de una fosa, una vez que tenía un
avanzado estado de descomposición era desenterrado, para
posteriormente seccionarlo manualmente y realizar una
segunda inhumación”.

Este  sistema de doble enterramiento, que se practicó desde
antes de la época precolombina entre los grupos de indios
californios, tenía como finalidad terminar con el sufrimiento
de la persona fallecida, puesto que “el concepto de muerte
(como biológicamente lo entendemos) no existía, pero, los
cambios físicos provocados por el proceso de
descomposición hacían creer que experimentaba dolor, por
lo que se pensaba que seccionando el cuerpo liberaban al
individuo de este padecimiento”.

Lo anterior se ha deducido de la serie de estudios
arqueológicos y antropológicos que el INAH ha llevado a cabo
desde 1991, en diversos sitios de las costas de Baja
California Sur, particularmente en el lugar conocido como El
Conchalito, donde se han hallado 56 de los 157 entierros
descubiertos hasta el momento, y cuya antigüedad va desde
el año 300 a.C. hasta la época del contacto con los
españoles.

El Conchalito, destacó Rosales-López, continúa siendo el
lugar en toda la península en donde se han descubierto más
inhumaciones de este tipo. No obstante, también se han
hallado en puntos como Ensenada de Muertos, Fidepaz,
Chametla, Rancho Rodríguez, El Quelele y Comitán, en Bahía
de La Paz,  El Médano y Barco Varado, en Cabo San Lucas,
San Juanico, en el municipio de Comondú, y Bahía
Concepción, en el municipio de Mulegé.

El especialista del INAH abundó que los lugares en los que
se han encontrado la mayor cantidad de entierros, son
aquellos denominados como concheros (sitios
arqueológicos con gran concentración de restos de
moluscos), donde además se han detectado indicios de
actos ceremoniales llevados a cabo por los antiguos indios,
“lo que nos comprueba que poseían una cultura elaborada,
contrario a la denominación de tribus salvajes que prevaleció
por mucho tiempo”.

En este sentido, consideró que la práctica de ritos como la
doble inhumación, probablemente también tenían la finalidad
de propiciar la abundancia de recursos naturales. Los
estudios antropológicos hablan de una concepción del
mundo distinta a la de una cultura sedentaria, en la que la
valoración de la muerte no existe.

“Cuando un individuo entraba en estado de “inmovilidad”
empezaba la preparación de su entierro: acomodaban al
fallecido en posición fetal y lo amortajaban con fuerza. Al
mismo tiempo se preparaba un lecho con conchas donde
colocaban el bulto mortuorio y lo cubrían con una mezcla de
carbón, tierra y concha, para luego taparlo con arena.

“Para ellos este momento no era de muerte, sino un simple
cambio de estado, en donde el dolor era una constante,
porque el cuerpo cambia de coloración, le salen moretones y
arroja líquidos por los orificios”.

De acuerdo con las creencias de estos grupos, para aliviar el
dolor que ‘sentía’ el muerto, lo desenterraban meses
después y lo seccionaban, cuando sabían que las
articulaciones estaban frágiles por la descomposición de la
carne. “Separaban la cadera del tronco, las extremidades y en
algunos casos el cráneo, y así, fragmentado, lo volvían a
enterrar”.

El antropólogo Rosales-López, refirió que con esta práctica
no sólo liberaban al individuo del dolor, sino que
automáticamente éste y los demás antepasados enterrados
en el mismo sitio se volvían guardianes del lugar,
garantizando así que siguieran brindando los recursos
alimenticios.

Así mismo, indicó, que entre los materiales encontrados en
las ofrendas destaca la presencia de un caracol grande,
colocado en posición vertical y sostenido con restos de
moluscos; una corona de conchas grandes y conchas
dispersas en un área rectangular de 1.0 por 1.5 metros, con
una disposición similar a la observada en las artes
adivinatorias de los indígenas de California.

El cazador recolector nómada  —explicó—  creó formas de
pensamiento distintas a las encontradas en poblaciones
sedentarias, muchas de las cuales han sido calificadas
como exóticas. “Una de las grandes interrogantes de quienes
estudiamos estas culturas, que durante mucho tiempo se
consideraron tribus de bárbaros, es ¿por qué la gente no se
quedaba en un solo lugar? La respuesta más aceptada es:
por el desierto, que no ofrece recursos alimentarios y exige ir
en búsqueda de comida constantemente”.

De acuerdo con el antropólogo Rosales-López, “los indios
californios no se quedaban en un solo lugar porque no tenían
en su cultura el concepto de sedentarismo”. Además, para
ellos, los diferentes sitios que habitaban estaban protegidos
por sus antepasados, a quienes no podían abandonar, y por
eso regresaban de manera itinerante.

Recientemente, en algunos de los entierros estudiados, los
investigadores también identificaron indicios de saqueos
realizados en la época prehispánica, que refieren a que
cuando llegaba un grupo ajeno al que había poblado un sitio,
en ausencia de éste desenterraban a los muertos para poder
apropiarse del lugar.

Finalmente, el investigador del INAH comentó que a esta
serie de entierros se han sumado descubrimientos de
instrumentos de piedra utilizados en actividades cotidianas,
como puntas de proyectil, navajas, y arpones para pescar, así
como restos de semillas, plantas comestibles y gran
cantidad de vestigios de conchas de moluscos que sirvieron
como alimento.
Entierro 38 Masculino
Entierro 18 Masculino
Restos humanos junto a trozos petrificados de moluscos y conchas
Doble entierro, Baja California Sur