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Descubren vestigios de una etnia extinta en Chihuahua INAH Instituto Nacional de Antropología e Historia 3 de febrero de 2010/México, DF
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- En cuevas de la Sierra Tarahumara se halló una
decena de sitios habitacionales y funerarios, así como
restos humanos, algunos con más de mil años de
antigüedad
- Podrían corresponder a los tubares, un grupo
indígena que durante la Colonia se aisló en la sierra
para evitar su evangelización, y se extinguió hacia
finales del siglo XIX
Más de una decena de sitios de carácter habitacional y
funerario, algunos con más de mil años de antigüedad, se
localizaron al interior de cuevas de poca profundidad en la
Barranca de la Sinforosa, en Chihuahua. De acuerdo con
estudios preliminares, los vestigios podrían corresponden a
los tubares, un grupo indígena que durante la Colonia se
aisló en la Sierra Tarahumara para evitar su evangelización, y
que se extinguió hacia finales del siglo XIX.
Se trata de nueve sitios de tipo habitacional/residencial, dos
de tipo ceremonial/ritual, y un par más de carácter
funerario/cementerios, encontrados en las localidades de
Ohuivo, Chorogue, Zapuri y Güerachi, correspondientes al
municipio de Guachochi, Chihuahua.
El arqueólogo Enrique Chacón, adscrito al Instituto
Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta),
comentó que de acuerdo con las primeras exploraciones de
prospección, se identificaron estos tres tipos de sitios, los
cuales, conforme a la arquitectura, el sistema de entierros y
referencias de investigación en la región, su antigüedad
corresponde del año 1,000 d.C. a los siglos XVI y XVII.
Sobre las características de estos sitios, encontrados
durante los recientes trabajos de exploración, expresó que
los habitacionales/residenciales son similares a los que
tradicionalmente se conocen en el noroeste de México y
suroeste de Estados Unidos como “casas en acantilado”.
“Son construcciones de tierra y piedra, con aplanados en las
paredes. Corresponden a cuartos destinados para
dormitorio, así como graneros y otras estructuras para
almacenamiento. Todas ellas fueron construidas al interior
de abrigos rocosos o cuevas de poca profundidad, y eran
utilizadas para dormir y protegerse de animales salvajes que
abundaban como león, puma, oso y lobo, o de otras tribus
enemigas”.
En la localidad de Ohuivo se encontraron la mayoría de los
sitios: cinco habitacionales, dos funerarios y uno ceremonial;
en Chorogue se halló uno de carácter ceremonial; en Zapuri,
uno de tipo habitacional, y en Güerachi, tres habitacionales.
El investigador del Centro INAH Chihuahua detalló que en los
espacios de índole funeraria, detectados en un pequeño
abrigo rocoso, se localizaron los restos de cinco individuos:
dos infantes y tres jóvenes, los cuales datan de los años
1000 al 1450 d.C., mientras que en una cueva se encontraron
los restos de al menos seis individuos de ambos sexos
(infantes, jóvenes y adultos), que datan de los siglos XVI o
XVII. En general, los restos humanos se encontraron
dispersos, sin articulación ni posición anatómica”.
Las evidencias materiales asociadas indican que los
individuos fueron envueltos en mantas de fibras vegetales
(petates), atados con cuerdas y asegurados con agujas de
madera. Asimismo, fue factible identificar que fueron
sepultados con ofrendas, compuestas por artefactos de
cerámica lisa y de calabaza-guajes, principalmente.
En lo que corresponde a la filiación cultural de los vestigios
arqueológicos, Enrique Chacón indicó que de manera
preliminar, el conjunto corresponde a los tubares. “En la
memoria histórica colectiva del pueblo rarámuri (tarahumara)
se tiene la referencia de que los sitios arqueológicos que
localizamos fueron habitados por los cocoyomes, término
que era utilizado para designar así a los tubares que no
aceptaron la evangelización y se aislaron hacia los rincones
más profundos de la Sierra Tarahumara”, explicó el
investigador.
Hasta el momento, dijo, no se han podido definir las
principales características de esta etnia, pero se sabe que
era un pueblo ribereño que desarrolló a partir de su relación
con los ríos que corren por las barrancas de la Sierra
Tarahumara. Asimismo, establecieron relaciones culturales
con el pueblo rarámuri y los grupos de la costa del Pacífico
(norte de Sinaloa y sur de Sonora).
“Se sabe que los tubares tuvieron tres etapas de desarrollo:
fueron nómadas, luego seminómadas y finalmente se
asentaron y formaron pequeñas comunidades aprovechando
las cuevas como viviendas, tumbas y graneros para
almacenar sus alimentos”, expresó Chacón.
En cuanto a los sitios ceremoniales/rituales, abundó que
corresponden a oquedades (morteros o pocitos) realizadas
sobre la peña de los cerros donde, al parecer, se realizaban
rituales. De este tipo de sitios, uno de ellos se localizó en la
cúspide de un cerro y el otro en la entrada de una cueva.
La visita de exploración arqueológica a estas localidades fue
en respuesta a un aviso presentado por un grupo de
indígenas, quienes encontraron dichos vestigios en el
segundo semestre de 2009, sólo que fue necesario dejar
pasar la temporada de lluvias para poder acudir al lugar, ya
que el fango y la espesa vegetación dificultaban el acceso.
“En el lugar obtuvimos muestras del material cerámico para
compararlos con la colección de cerámica tubar que se tiene
en las instalaciones del Centro INAH Chihuahua”, dijo el
especialista.
Enrique Chacón concluyó que el primer paso para la
protección de las cuevas y en general de los vestigios
arqueológicos, ha sido el registro de los mismos y su
inclusión en el Registro Público de Monumentos y Zonas
Arqueológicas.

Güerachi
Chorogue
Güerachi
Ohuivo
Barranca de la Sinforosa
Arqueóloga