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Lenguas Indígenas como Patrimonio Mundial
INAH
Instituto Nacional de Antropología e Historia
27 de febrero de 2010/México, DF
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  • El arqueólogo Eduardo Matos sugirió lo anterior como
    parte de las conclusiones del Congreso Internacional
    Los indígenas en la Independencia y en la Revolución
    Mexicana
  • El investigador emérito del INAH hizo un relato de
    cómo algunos símbolos prehispánicos,
    principalmente el águila parada sobre un nopal,
    sobrevivieron al paso del tiempo

El reconocido arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma sugirió
que como parte de las conclusiones del Congreso
Internacional Los indígenas en la Independencia y en la
Revolución Mexicana, que finalizó el viernes 26, “se solicite a
nuestro gobierno que pida a la UNESCO la declaratoria de
las lenguas indígenas como Patrimonio Mundial”.

          La propuesta realizada por el profesor emérito del
Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-
Conaculta), quien este 2010 cumple 50 años de servicio en
esta institución, fue aplaudida por los asistentes al foro
académico cuya última sesión tuvo lugar en el Museo
Nacional de Antropología.

En el congreso internacional, que durante una semana
reunió a cerca de medio centenar de expertos de México,
Estados Unidos y Europa, para analizar los aspectos que
motivaron a los indígenas a participar en los dos
movimientos armados, el arqueólogo del INAH dictó la
conferencia Presencia del mundo azteca en el México colonial
y moderno, en la que hizo un relato de la manera en que
algunos símbolos, principalmente el águila parada sobre un
nopal y que representan la fundación de México-Tenochtitlan,
sobrevivieron al paso del tiempo y se situaron en la bandera
nacional.

Luego de tres siglos de negación del pasado precolombino y
toda su cosmovisión, por parte del clero y las autoridades
virreinales; los dirigentes de la Insurgencia y posteriormente
los líderes del gobierno independiente “empezaron a ver el
mundo prehispánico como aquel que había sido destruido
por España, por lo tanto había necesidad de encontrar ese
cordón umbilical con el México negado”.

          Lo anterior originó la idea de que el México antiguo
había sido una “gran nación” que los españoles destruyeron.
Eduardo Matos puso como ejemplo un párrafo del discurso
dado en 1913 por José María Morelos y Pavón, en
Chilpancingo, en el cual el Siervo de la Nación invocaba a
una serie de gobernantes prehispánicos, pertenecientes a
diferentes culturas, para celebrar la lucha libertaria.

          “Entonces, empieza a buscarse ese mundo antiguo
para anteponerlo a lo español, y reivindicarlo, ¿la forma?,
poner el símbolo (del águila posada en el nopal) que había
perdurado durante la Colonia, convirtiéndole en el escudo de
la nación independiente”, expresó en el congreso organizado
por el INAH y la UNAM.

          Así mismo —continuó Matos Moctezuma—, Guadalupe
Victoria, primer presidente de México, fundó el Museo
Nacional donde se reunió una importante colección
arqueológica de las civilizaciones mesoamericanas; otro
impulso en ese sentido fue la solicitud hecha en 1832 por
Carlos María de Bustamante al Congreso General Mexicano,
de la reedición de la obra de Antonio de León y Gama alusiva
a los monolitos de la Piedra del Sol y la Coatlicue.

          De acuerdo con el investigador emérito del INAH, la
piedra, el nopal, el águila y la serpiente forman la tetralogía
que dio pie a la elaboración de nuestros símbolos patrios: la
bandera y el escudo nacionales.

La historia de que están acompañados estos elementos
tiene antecedentes que se remontan, por un lado, al mundo
prehispánico, y por el otro, a un proceso evolutivo que los
llevó a pasar por diversas vicisitudes hasta transformarse en
lo que hoy son, puntualizó.

Luego de aparecer en documentos históricos y de carácter
administrativo en los primeros años de la Colonia, el símbolo
del águila parada sobre el tunal logró trascender la época
virreinal y llegó hasta el México actual. Incluso, se sobrepuso
a la imagen de la Virgen de Guadalupe, utilizada en
numerosos estandartes insurgentes.

Un factor que contribuyó a la trascendencia del símbolo
mexica —explicó el maestro en ciencias antropológicas,
especializado en arqueología—, fue que desde la época
virreinal, en 1523, Carlos V otorgó escudo a la Nueva España;
en éste aparecía el símbolo pero con parámetros cristianos, y
con la Independencia, su antiguo contenido sacro volvió a
adquirir cierta relevancia.

Matos Moctezuma concluyó que “un dato inequívoco de lo que
vengo sosteniendo es el hecho de que el nombre de Nueva
España, será sustituido por el de México, término en lengua
náhuatl con que se identificaba a los habitantes de
Tenochtitlan. Estamos, pues, ante la presencia de los dioses
que se negaron a morir…”.
Eduardo Matos