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Persiste en México racismo de baja intensidad INAH Instituto Nacional de Antropología e Historia 25 de febrero de 2010/México, DF
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- En nuestro país suele determinarse el rango social de
las personas a partir del aspecto físico, lo que refiere
que persiste el llamado ‘racismo positivo’
México es un país donde suele determinarse el rango social
de las personas por el aspecto físico, lo que refleja que en
nuestro país existe un racismo constante de baja intensidad.
“Hay una enorme correlación entre el aspecto externo
de la gente y su clase social, y este fenómeno se remonta en
la tradición histórica que ha tenido México, de cómo se han
reproducido las clases dominantes, a partir del llamado
‘racismo positivo’, que facilita o abre las puertas a gente que
corresponde con ciertos cánones, considerados ‘positivos’.
Así lo señaló José Luis Vera, investigador del Instituto
Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), al
considerar que si bien en nuestro país el racismo no ha
llegado a los niveles como el que se desarrolló en Estados
Unidos o la segregación racial del apartheid (separación), en
Sudáfrica, “en México somos poco concientes del racismo
que vivimos porque es de baja intensidad, pero es constante.
Sin embargo, colegas extranjeros lo notan mucho más que
nosotros”.
El especialista consideró que la discriminación en México es
un tema que debe ser analizado de manera más amplia a
partir de la antropología social y física, toda vez que hasta la
fecha los trabajos más difundidos pertenecen al ámbito de la
denuncia y los derechos humanos, y se trata de un tema que
también atañe a la academia.
El INAH, dijo, se ha propuesto impulsar una serie de
actividades que a largo plazo pretenden aglutinar a los
estudiosos de todas las instituciones que profundizan en el
tema, a través de la implementación de un seminario, y cuya
primera actividad será esta mesa de debate, en la que se
abordarán temas reactivos a la noción de raza, la relación
entre variación genética humana y categorías raciales, la
práctica social de la discriminación y el problema de las
identidades como elementos de la condición humana, entre
otros.
El antropólogo de la Escuela Nacional de Antropología e
Historia (ENAH) consideró que para la antropología mexicana
el racismo aún es tema pendiente, que si bien lo abordan
instituciones como el INAH, la UNAM y el IPN, hace falta dar
impulso al intercambio de ideas por medio de un foro que
aglutine a los especialistas.
Al abundar sobre la situación que guarda el racismo entre los
mexicanos, el también coordinador de dicha mesa redonda,
abundó que de acuerdo con la Primera Encuesta Nacional
sobre Discriminación en México, siete de cada diez personas
ha sufrido alguna discriminación por su aspecto físico,
lengua, edad, sexo, preferencia sexual, discapacidad o
religión.
Mientras que seis de cada diez indígenas declaran haber
sido víctimas de segregación por su condición indígena.
Dicho sondeo efectuado hace cinco años por el gobierno
federal —con la finalidad de medir la frecuencia de la
discriminación hacia los grupos poblacionales más
expuestos a este fenómeno—, debe de ser analizado con
mayor amplitud para darle seguimiento, señaló Vera.
¿Una raza homogénea?
Respecto a la noción de raza, el antropólogo del INAH, indicó
que si bien se podría pensar que el desarrollo de la genética
y la biología molecular tenderían a avalar la existencia de
razas, lo que han demostrado ambas ciencias es que,
genéticamente hablando, la especie humana es mucho más
homogénea de lo que suponíamos.
“El racista no requiere de una justificación desde la ciencia
para sustentar su discriminación; sin embargo, a lo largo de
la historia muchos proyectos sociales de corte racista han
recurrido a la ciencia como una instancia para avalar no sólo
la diferencia entre poblaciones humanas, sino su
jerarquización”.
Respecto a lo anterior citó como ejemplo los proyectos
eugenésicos (término derivado del griego que significa “bien
nacido” o “buena reproducción”), una preocupación de la
sociedad de todo el mundo en los años 30, impulsada por
los estados nacionales.
“Se trató de una práctica aparentemente validada en la
ciencia, que pretendía favorecer la reproducción de individuos
con características ‘deseables’ e impedir las ‘indeseables’, y
que poco a poco empezó a caer en desuso.”
Finalmente, el especialista del INAH resaltó que la dinámica
demográfica actual genera una enorme diversidad, “y eso no
perjudica a la especie, sino que la enriquece, porque en
términos de biología evolutiva, la homogeneidad lleva
consigo el peligro de extinción.”




