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Exploran el cenote Las Calaveras INAH Instituto Nacional de Antropología e Historia 25 de febrero de 2010/México, DF
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- En los últimos dos años, arqueólogos subacuáticos
han encontrado 120 esqueletos en la profundidad de
este lugar conocido como Las Calaveras
- Por la cantidad de restos óseos registrados en él
representa el de mayor concentración de osamentas,
superando al de Chichén Itzá, en Yucatán
El cenote Las Calaveras, ubicado en Quintana Roo, podría
ser el depósito funerario de la época prehispánica mejor
conservado y el de mayor concentración de esqueletos
humanos del área maya. Hasta el momento, en su
profundidad se han encontrado 120 osamentas, y se calcula
que la cifra podría ascender a los 150, conforme avancen las
investigaciones.
La arqueóloga subacuática, Carmen Rojas Sandoval, del
Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta)
informó que en dicho lugar se han registrado 120 esqueletos
cuya antigüedad oscila entre los años 125 – 236 de nuestra
era, superando al cenote Chichén Itzá, en Yucatán, y que
hasta antes de este hallazgo representaba el de mayor
número de osamentas depositadas en este tipo de espacios
inundados que los antiguos mayas usaron como depósitos
funerarios.
“Por las características del lugar y el número de esqueletos
encontrados es probable que se encuentren por lo menos 30
más o incluso que haya hasta 200, con lo que rebasaría el
número de restos humanos localizados en tierra en una de
las ciudades mayas más grande del periodo Clásico (125-
236 d.C.): Tikal, en Guatemala”.
La especialista, del Centro INAH Quintana Roo, detalló que
desde 2007 el INAH lleva a cabo el registro sistemático de
las osamentas del cenote Las Calaveras, labor en la que se
cuenta con la participación de National Geographic. Este
depósito natural de agua fue detectado en 2002, cuando la
presencia de restos óseos fue reportada por un buzo.
En este cenote de 30 metros de diámetro se han encontrado
dichos restos humanos en un perfecto estado de
conservación, lo que permitirá el desarrollo de estudios de
genética y antropológicos para conocer más a fondo a la
antigua población maya que se asentó en esta región,
comentó Rojas Sandoval.
En este sentido, abundó, en los cenotes los huesos se
conservan mucho mejor que en contextos terrestres, porque
el suelo de la selva es ácido, y aunado a las condiciones
ambientales, se deterioran.
“En cambio, en el agua de los cenotes las condiciones
alcalinas, la oscuridad y el ambiente estable sin corrientes ni
fauna que los ataque, los huesos se conservan
extraordinariamente”.
Este grado de conservación, destacó, permite realizar
estudios más profundos para determinar si los cuerpos ahí
depositados sufrieron alguna violencia por actividad ritual o la
extracción de algún órgano vital como el corazón, para
ofrecerlo como ofrenda a los dioses mayas.
Otros aspectos que se pueden conocer a partir del análisis
de los esqueletos, son las migraciones que hubo, las
condiciones de salud y esperanza de vida que tenían los
mayas en la época prehispánica.
Depósitos funerarios
La arqueóloga Carmen Rojas señaló que por la alta cantidad
de esqueletos que se han encontrado en éste y otros cenotes
del área maya, se ha determinado que estos espacios
acuáticos tuvieron la función de cementerios, toda vez que
algunas de las osamentas presentan tratamientos
funerarios, al estar acompañadas de vasijas y animales
como ofrendas.
Los cenotes también fungieron como lugares rituales, y en
este sentido, dijo, a partir de los restos esqueléticos ahora se
conoce que no sólo se inmolaban y arrojaban mujeres a
estos espacios, sino que también se sacrificaban a hombres
adultos que eran capturados en combate.
Rojas Sandoval explicó que “los tratamientos funerarios se
distinguen de los sacrificios como dos prácticas diferentes.
Estos últimos se llevaban a cabo cuando los cuerpos
conformaban una ofrenda para las deidades.
“En tanto que los tratamientos funerarios estaban
relacionados a la conservación de restos humanos y a la
conmemoración de los muertos. Es posible que de esta
forma ciertos grupos mayas estuvieran preservando a sus
ancestros, con el fin de respaldar su linaje y reclamar el
control de algunos recursos”, puntualizó.
Señaló que para los antiguos mayas, los cenotes, al igual
que las cuevas, representaban entradas al mundo de los
muertos, llamado Xibalbá, por lo que eran usadas como
cámaras funerarias naturales.
Como parte de la investigación arqueológica en cuevas
sumergidas de Quintana Roo, la arqueóloga comentó que
desde hace más de una década el INAH estudia cuatro
esqueletos con una antigüedad de entre 12,000 y 8,000 años
aproximadamente, lo que los ubica en el periodo premaya o
prehistórico.
Los restos corresponden a dos mujeres, un hombre y el otro
con sexo aún por definir. Una de ellas tenía de 40 años de
edad al momento de morir, en tanto que la otra era de una
joven de 25 años, y sus osamentas fueron encontradas con
características de tratamiento funerario y no de sacrificio.
Cabe resaltar que estas cuevas inundadas, hace 10,000
años eran secas y debido al deshielo quedaron llenas de
agua y fueron utilizadas como depósitos funerarios.




