CiudadTijuana
Derechos Reservados
Vestir al Niño Dios: Devoción Vs. Mercadotecnia
INAH
Instituto Nacional de Antropología e Historia
1 de febrero de 2010/México, DF
Zona Deportiva
Inicio
CiudadTijuana
Ayuda
  • La antropóloga Katia Perdigón, del INAH, señala que
    esta tradición tiene su origen en una ceremonia de
    toma de hábitos en los conventos femeninos de la
    Edad Media
  • Una acuciosa investigación, que implicó la búsqueda
    en archivos históricos, analiza  la transformación
    histórica de esta devoción popular hasta nuestros días

      En ningún otro país del mundo, salvo en México, el Día de
la Candelaria se presta para vestir con un nuevo ropaje a la
figura del Niño Jesús, y menos aún para realizar una
tamaliza. Pero pocos saben que esta tradición tiene su origen
en la Edad Media, cuando se convirtió en un elemento que
acompañaba a las religiosas en su toma de hábitos.

      Así lo revela una investigación desarrollada por la
antropóloga social Katia Perdigón Castañeda, del Instituto
Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), en su
interés por dilucidar cómo esta fecha, que originalmente
rememora la Purificación de la Virgen María, ha derivado en
mercadotecnia, como la venta por catálogo de un centenar de
ropones para la imagen del Niño Jesús. “En el siglo XXI, el
Niño Dios está a la moda”, afirma.

      Vestir al Niño Dios. Un acercamiento a la celebración de
la Candelaria, en el Distrito Federal, título de su tesis doctoral
—que posteriormente podría publicarse— ofrece una
variedad de perspectivas: teológica, iconográfica, histórica,
antropológica y psicológica, para acercarse y comprender la
religiosidad popular que subyace al 2 de febrero.

      En este estudio —que implicó la búsqueda en archivos
históricos con el fin de encontrar las raíces de esta
celebración anual en nuestro país—, la antropóloga refiere
que la figura del Niño Dios fue usada por vez primera en el
“Belén vivo”, una representación ideada por San Francisco de
Asís para difundir la vida de Jesucristo.

       La escultura del Niño Jesús adquirió otra dimensión
durante la Edad Media, cuando se convirtió en un elemento
que acompañaba a las religiosas en su toma de hábitos. En
la Nueva España, este ritual fue plasmado a través de los
denominados retratos de monjas coronadas.

       “En ocasiones —narró Katia Perdigón—, al momento de
profesar se les daba a las religiosas la representación
escultórica de un Niño Dios. Todo parece indicar que esta
costumbre de ataviar la imagen del Niño Jesús, deriva de una
tradición conventual femenina”.

        “Al observar las pinturas de monjas coronadas
podemos percatarnos que existe una continuidad, desde la
Colonia hasta el día de hoy, en lo que se refiere a vestir la
figura del Niño Dios. En éstas, los ‘niños’ portan elementos
que los relacionan con una advocación, es decir, elementos
que les confieren su carácter único, llámese Divino Pastor o
Niño Peregrino, como es el caso del Niño de Atocha,
etcétera”.

De la Nochebuena al Día de la Candela
De acuerdo con documentos coloniales ubicados por Katia
Perdigón, el Niño Jesús era celebrado en Nochebuena, se le
arrullaba en iglesias y casas, tras lo cual se le arropaba para
“acostarlo” en el pesebre. En la actualidad,  es así como se
lleva a cabo en otros países del orbe; en México esto cambió
en el siglo XX.

          “El Día de la Candelaria —que originalmente era el Día
de la Candela— es la rememoración de la Purificación de la
Virgen, es decir, se recuerda el momento en que María, junto
con su hijo Jesús, se presenta en el templo llevando
candelas (velas) y un par de pichones. Entonces, la figura
que realmente se festejaba era la de la Virgen, que inclusive
salía en procesión”.

          Aunque no se puede explicar con certeza cómo, en
México, el “Niño” sustituyó a la Virgen, la experta del INAH
indicó que las referencias más antiguas de esto datan de
1912, “cuando se menciona que el 6 de enero se hace la
Fiesta de los Compadres, y aquel que saque el ‘niño’ de la
rosca de reyes, levantará al Niño Jesús el Día de la Candela.”

          La “tamaliza” es otro de los aspectos que ahora se
consideran indisolubles del Día de la Candelaria. Para la
sorpresa de muchos, Perdigón Castañeda encontró textos de
principios del siglo XX en los que se asienta que para esas
fechas (2 de febrero) el platillo oficial en nuestro país era el
pato. Probablemente esta comida se sustituyó por los
tamales luego que los patos dejaran de inmigrar al Valle de
México debido a la extinción de sus lagos.

El Niño Dios está a la moda
Un breve recorrido por la calle de Talavera y por la romería
tradicional del Niño Dios de la Plaza Alonso García Bravo,
ambos en el Centro Histórico de la Ciudad de México, hace
evidente la mercadotecnia alrededor del “arreglo” de esta
imagen escultórica. El número de vendedores con este giro
suma aproximadamente un millar, y es que a la par de los
tiempos y de la gente —afirmó Katia Perdigón— “en este
siglo XXI, el Niño Dios está a la moda”.

           Buena parte de esta demanda surgió en 1975 con la
creación de la Casa de los Niños Dios, fundada por el señor
Saúl Uribe. El negocio familiar ha crecido de tal manera en
las últimas décadas que su catálogo compuesto por más de
cien vestidos, llega lo mismo a Guatemala, El Salvador y
otros países centroamericanos, que a Estados Unidos.

      “Es muy interesante lo que pasa ahora, porque a la par
de las advocaciones conocidas de los niños milagrosos, la
modernidad crea otras necesidades y a éstas responden
imágenes más apegadas al imaginario colectivo, ejemplo de
ello es el Niño Futbolero”, expresó.

       En su investigación, Katia Perdigón hace referencia de
manera específica a 11 “niños milagrosos”, aquellos que
además de recibir peregrinaciones en sus respectivos
templos, son “emulados” en el circuito comercial de negocio
de vestidos, pues los devotos quieren tener en sus casas un
Niño Jesús lo más parecido a aquel que confiere favores.

Así, en esta lista se encuentran en su mayoría imágenes que
radican en iglesias o capillas de la Ciudad de México: Niño
Pa (Xochimilco), Niño de las Suertes (Tacubaya), Niño
Limosnerito (Atlampa), Niño Mueve Corazones y Niño de la
Paz (colonia Juárez).

También, están el Niño Cieguito y el Niño Doctor (Puebla), el
Niño Milagroso de  Tlaxcala, el Niño de las Palomitas
(Zacatecas), el Niño de la Salud (Michoacán) y el Niño de
Atocha (Zacatecas), éste último de los más antiguos y de
veneración más continua en México.

          En opinión de la investigadora, desde hace algunos
años se ha suscitado un “boom” por vestir la figura del Niño
Dios, lo cual puede medirse por el número de modelos a la
venta. Lo anterior, “quizás responda a una necesidad de creer
en la unidad familiar, en un momento en que esta institución
está en crisis e, incluso, por medio de esta imagen algunas
mujeres compensan su instinto maternal.”

          “Estos son elementos que deben considerarse porque
la imagen del Niño Dios mueve la sensibilidad de las
personas, genera ternura como pocas representaciones
religiosas”, concluyó Katia Perdigón.
Niño de las Suertes en Tacubaya
Niño de las Suertes en Tacubaya
Niño de las Suertes en Tacubaya