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Estudian inscripciones mayas de autosacrificio
INAH
Instituto Nacional de Antropología e Historia
30 de diciembre de 2009/México, DF
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  • Inscrita en pendientes de concha y puntas de raya, la
    serie glífica fue hallada en una urna funeraria
    prehispánica.
  • Es la primera vez que se encuentran textos epigráficos
    que se refieren a un sacerdote y no a un gobernante,
    que describen ceremonias de autosacrificio que
    realizó durante 14 años

Especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia
(INAH-Conaculta) estudian el texto epigráfico maya más largo
encontrado hasta la fecha en Tabasco. Fue hallado en una
urna funeraria descubierta durante las excavaciones del sitio
arqueológico de Comalcalco, y se compone de 260 glifos,
referentes a 14 años de la vida de un importante sacerdote
del siglo VIII d.C.

Ricardo Armijo Torres, director del Proyecto Arqueológico
Comalcalco, señaló que la relevancia de las inscripciones
radica en ser las primeras que se hallan con relación a la
vida de un sacerdote y no de un gobernante y sus consortes,
como fue usual en la antigua cultura maya, lo que hace
pensar a los expertos que dicho personaje ocupó un alto
rango sacerdotal.

Los textos recuperados en 1998, se encuentran escritos en
pendientes de concha y espinas de raya, que fueron
depositados en una urna funeraria localizada en la entrecalle
de la fachada sur de los templos II y IIA de la Plaza Norte del
sitio prehispánico, donde el individuo en cuestión fue
amortajado y cubierto con abundante cinabrio (pigmento rojo)
junto con una ofrenda envuelta en piel de jaguar.

La ofrenda consiste en 90 pendientes, de los cuales
destacan 34 piezas que muestran entre cuatro y seis glifos
en una de sus caras. Asimismo, el envoltorio contenía 30
espinas de raya, de las cuales 25 presentan series glíficas.
Las dimensiones de las espinas varían entre 25 y 13
milímetros. El contenido de la urna es analizado en el
laboratorio del Centro INAH Tabasco.

Armijo Torres informó que el resto de la ofrenda consta de
siete dijes de serpentina, concha y jadeíta, fragmentos de
pirita, 72 cuentas semiesféricas, 52 dientes de tiburón con
perforación bicónica, un excéntrico de pedernal, dos núcleos
de obsidiana negra; nueve navajas de obsidiana gris y siete
punzones de cola de raya.

Los textos reúnen un total de 260 glifos, 80 de los cuales
están identificados por la epigrafía maya, detalló el
arqueólogo, al referir que las inscripciones que se pueden
leer e interpretar en los pendientes y puntas de raya tienen
una connotación religiosa, relativa a los rituales anuales
efectuados por el yajaw k´ahk´, “señor de fuego”, Aj Pakal
Tahn.

Los glifos se encuentran en orden descendente, y el primero
proporciona la fecha de cuenta larga 9, 17, 0, 0, 7, 7 manik,  0
pop, equivalente a 31 de enero de 771 d.C., fecha que
corresponde al inicio de la mayor parte de los textos
recuperados en la ofrenda, que detallan 14 años de la vida
del sacerdote maya.

Los textos describen eventos rituales de autosacrificio que
incluían sangrías y actos de penitencia previos a los
equinoccios de primavera, durante los cuales Aj Pakal Tahn
fue acompañado por diversas deidades tutelares
relacionadas con el dios maya de la lluvia, Chaac.

El arqueólogo Armijo Torres indicó que ya fue posible frenar
el deterioro de las piezas que se vieron muy expuestas al
detrimento natural del tiempo, y por el contacto con el suelo
de la región que tiene una alta acidez.

Cabe señalar que a diferencia de otras urnas funerarias
localizadas en Comalcalco, esta tiene como particularidades
su tamaño y la mampostería que la rodeaba, compuesta por
260 ladrillos pegados con mortero de cal. Entre otros de los
elementos recuperados, en la ofrenda encontrada en la Urna
26, se encuentran espinas de erizo de mar, cinabrio y restos
de otros materiales, como piel de jaguar, plumas, papel y
dijes que eran usados por sacerdotes mayas para la
adivinación y el autosacrificio.

Las espinas de raya o aguijones son obtenidos del animal
recientemente pescado. Mientras éstas permanecían en
estado coloidal el escriba plasmó la escritura y las imágenes
antes de su calcificación.

Entre los sacerdotes mayas de Comalcalco, los aguijones de
raya eran utilizados para realizar perforaciones en oídos,
lengua, frente, pene y otras partes del cuerpo, que producían
desangramientos y mucho dolor, lo que los llevaba a alucinar
para entablar contacto con los dioses.

La información epigráfica descrita en los textos de
Comalcalco ha permitido saber que en la vecina ciudad de
Palenque, Chiapas, también se llevaron a cabo ceremonias
rituales similares para la inauguración de templos, como el
Edificio de las nubes.